En el Día Mundial de las Redes Sociales, especialistas advierten sobre el impacto del consumo digital en el bienestar emocional. El Licenciado Victtor Abad, jefe del Departamento de Adicciones del Siprosa, brinda claves para detectar cuándo el «scroleo» constante empieza a afectar nuestra vida cotidiana.
El uso de pantallas atraviesa todas las edades, pero su impacto en la salud mental es un tema que requiere especial atención. En la era de la inmediatez y la hiperconectividad, las redes sociales han modificado no solo nuestra forma de comunicarnos, sino también nuestra manera de percibir la realidad y gestionar nuestras emociones.
En una entrevista, el Licenciado Victtor Abad, psicólogo y jefe del Departamento de Adicciones del Siprosa, hizo un llamado a la reflexión: «No debemos ver el uso de pantallas solo como un posible desarrollo de una adicción, sino como una herramienta que, sin límites, altera nuestro bienestar».
Más allá de la juventud
Aunque suele señalarse a los adolescentes como los principales afectados, el Licenciado Abad advierte que este fenómeno trasciende generaciones: «Creemos que es un problema solo de jóvenes, pero también lo vemos en adultos. En los adultos, el impacto se refleja a menudo en la dificultad para concentrarse en sus tareas laborales, mientras que en niños y adolescentes el daño suele ser más profundo al estar en pleno desarrollo».
El especialista también destacó dos factores críticos:
- La trampa de la comparación: Las redes sociales generan un escenario donde lo que se muestra rara vez refleja la realidad, derivando en una baja autoestima.
- La dopamina del «scroleo»: El deslizamiento constante por el contenido de las redes busca una gratificación inmediata, lo que altera nuestra capacidad de tolerancia a la frustración.
Señales de alarma: ¿cuándo debemos preocuparnos?
El especialista sugirió prestar atención a cambios abruptos en el comportamiento cotidiano:
- En adolescentes: Descenso del rendimiento escolar, dificultad para concentrarse, aislamiento de sus grupos de pares o rechazo a actividades que antes disfrutaban. También es común observar irritabilidad, reacciones desmedidas y una baja tolerancia a la frustración cuando no pueden acceder al dispositivo.
- En adultos: Dificultad para mantener la atención en el trabajo y una marcada dependencia hacia la satisfacción digital inmediata.
El llamado a la acción
El Día Mundial de las Redes Sociales —que se conmemora este 30 de junio— no es una fecha para demonizar la tecnología, sino para realizar un «parate» reflexivo. Abad propone algunas estrategias clave para mejorar la convivencia con la tecnología:
- Generar espacios de diálogo: Establecer momentos de desconexión en familia donde se pueda hablar sobre cómo nos hace sentir el contenido digital.
- Buscar referentes: Ante situaciones que generan conflicto, no dudar en consultar con figuras de confianza.
- Ayuda profesional: Si el uso de pantallas se percibe como una conducta incontrolable que deteriora la vida diaria, acudir a profesionales de la salud mental es el paso necesario para retomar el control.
«Debemos entender qué está pasando y qué estamos haciendo con nuestra rutina, antes de que esta nos termine llevando puesta», concluyó el Licenciado Abad.
