Fallecido un 11 de julio de 2006, el baterista dejó una huella imborrable en la historia de la música nacional. De Los Gatos a Serú Girán, su pulso definió el sonido de generaciones y, en su honor, hoy se celebra el Día del Baterista en Argentina.
Hace dos décadas, el rock argentino perdía a uno de sus arquitectos fundamentales. Oscar Moro no solo fue un músico excepcional que integró las bandas más icónicas del país, sino que se convirtió en una pieza indispensable del engranaje que construyó la identidad del rock local desde finales de los años 60.
De las cacerolas al estrellato
Nacido en Rosario en 1948, el talento de Moro brotó de una manera casi instintiva. Sin dinero para instrumentos, sus primeros redobles surgieron golpeando ollas de cocina, una habilidad que perfeccionaría hasta convertirse en el motor rítmico de Los Gatos, la banda con la que grabaría el mítico «La Balsa».
Su paso por la música fue constante y evolutivo. Tras su experiencia en Estados Unidos a finales de los 60, regresó al país con una batería Ludwig de doble bombo que cambió para siempre el sonido del rock local, marcando la transición hacia el rock progresivo. Ese sello distintivo lo llevaría a integrar proyectos fundamentales como Color Humano, La Máquina de Hacer Pájaros y, finalmente, Serú Girán.
Un baterista de músicos
Lo que distinguía a Moro no era solo su técnica, sino su capacidad para entender la psicología de la canción. Charly García, con quien compartió años de gloria en Serú Girán, solía decir que Moro tenía una forma «particular» de lograr el backbeat, creando junto a Pedro Aznar una trama rítmica que definía el pulso del grupo.
A pesar de ser elegido año tras año como el mejor baterista del país en las encuestas especializadas, Moro siempre mantuvo una humildad conmovedora. «A mí me eligieron porque soy el más popular, hay muchos mejores que yo», solía decir, restándole importancia a los laureles y concentrándose en el oficio.
Un legado que se renueva
La figura de Moro trascendió su muerte. Este 11 de julio, fecha que Argentina conmemora como el Día del Baterista, el recuerdo de quien fuera «el pulso del rock» se mantiene vivo.
Recientemente, la emoción llegó a su punto máximo cuando su hijo, Juanito Moro, ocupó el lugar de su padre en la batería durante el histórico reencuentro de Serú Girán. Al verlo tras los parches, Pedro Aznar y David Lebón recordaron aquellos años donde el pequeño Juanito esperaba a su padre dentro de una valija mientras los músicos ensayaban, un gesto que cerró un ciclo cargado de historia y amor por la música.
Oscar Moro no solo dejó discos fundamentales; dejó una escuela. Su historia, marcada por la bohemia, el talento y la sensibilidad a flor de piel, sigue siendo el punto de partida para entender cómo un hombre de Rosario, «atravesable» por las realidades del mundo, logró darle latido al corazón de la música argentina.
