Soledad González describió los sacrificios extremos para mantener al club en el Federal A y pidió que el empresariado tucumano mire a los clubes de barrio.
El sueño cumplido de volver a las grandes ligas se transformó en un desafío económico extremo para Tucumán Central. Su presidenta, Soledad González, compartió la difícil situación que vive el club de barrio, donde la pasión choca de frente con costos logísticos millonarios y un mercado de patrocinio concentrado en los equipos más grandes de la provincia.
Competir en el Federal A exige una estructura profesional que el club hoy sostiene a pulmón. Movilizar a una delegación de 36 personas por el país implica gastos de hotelería y alimentación que se vuelven inalcanzables sin apoyo privado. Según explicó la dirigente, las puertas de las empresas locales suelen cerrarse, ya que la mayoría de los auspiciantes priorizan a Atlético o San Martín.
La gestión de González se ha caracterizado por el sacrificio personal. La mandataria recordó incluso haber financiado la indumentaria del equipo con su tarjeta de crédito propia para poder salir a la cancha. A pesar de haber logrado mejoras en el césped y los vestuarios supervisadas por Defensa Civil, la falta de recursos genuinos pone en riesgo la continuidad de un proyecto que, más allá de lo deportivo, funciona como un centro de contención clave para los jóvenes de Villa Alem.
Con el orgullo de haber sumado una nueva estrella al escudo, el «Rojo» apela ahora a la solidaridad de las autoridades y el empresariado tucumano para que el esfuerzo de todo un barrio no quede en el camino.
