De Yemen a Ucrania, la tecnología de Teherán se expande por el mundo. El experto Akram Kharief analiza cómo un país sancionado logró su autonomía bélica.
La aparición de los drones Geran-2 sobrevolando Kyiv y la presencia de tecnología similar en la frontera de Israel han puesto a la industria militar de Irán en el centro de la escena global. Lo que comenzó como una respuesta desesperada ante el aislamiento internacional tras la revolución de 1979, terminó consolidando un modelo de producción basado en la «paciencia y perseverancia» que hoy desafía la supremacía tecnológica de las potencias occidentales.
El experto militar Akram Kharief explica en su reciente obra que el éxito iraní radica en haber convertido la escasez en oportunidad. Ante la imposibilidad de comprar armamento convencional, el país apostó por el desarrollo propio, utilizando incluso componentes de tecnología civil para crear redes de suministro que las sanciones de Estados Unidos no pudieron frenar. Esta estrategia de autosuficiencia permitió que ingenieros locales diseñaran equipos de bajo costo pero alta efectividad, como los famosos Shahed 136.
Hoy, la huella de esta industria se extiende por múltiples escenarios: desde las actividades de Hezbolá en Líbano hasta las operaciones de los hutíes en Yemen. La sorpresa definitiva para la inteligencia internacional llegó en 2022, cuando se confirmó que Irán suministraba tecnología clave a Rusia para la guerra en Ucrania. Este fenómeno demuestra cómo un actor históricamente sancionado logró reescribir las reglas del juego en la industria bélica global mediante la diversificación y la astucia técnica.
La «diplomacia de los drones» de Teherán no solo le ha permitido romper el cerco económico, sino que ha establecido una nueva era donde la tecnología accesible y el ingenio local pueden inclinar la balanza en los tableros de poder más complejos del mundo.
