El optimismo empresarial cayó drásticamente en el último año. Advierten que la baja del consumo y la carga tributaria están forzando el achique de las plantillas.
El escenario para las pequeñas y medianas empresas, motor del 50% del empleo asalariado en el país, muestra signos de un deterioro profundo. Según la última encuesta de expectativas liderada por la IAE Business School, casi la mitad de los empresarios pyme evalúa reducir su dotación de personal en el próximo semestre. Entre quienes ya lo tienen decidido (18,5%) y quienes lo ven como «probable» (31,1%), la cifra alcanza un pico histórico que enciende las alarmas sobre la estabilidad del mercado laboral formal.
El informe, elaborado por el profesor Guillermo Fraile, destaca un cambio de dinámica preocupante: por primera vez, una proporción significativa de empresas dejó de proyectar crecimiento para enfocarse en el achique. Este pesimismo se sustenta en datos concretos, como la caída del 3,6% acumulada en las ventas minoristas en lo que va del año, según CAME. Los rubros más golpeados, como perfumería y bazar, reflejan el impacto directo de la pérdida de poder adquisitivo en el consumo.
A este panorama se suma una paradoja estructural: a pesar de la intención de reducir personal, el 70% de las firmas manifiesta dificultades para encontrar talento calificado. Asimismo, los empresarios señalaron que la reforma laboral aprobada recientemente no es suficiente para revertir la tendencia; hoy, la prioridad del sector es una reforma fiscal. Casi tres de cada cuatro encuestados aseguran que la presión impositiva es el principal obstáculo para su supervivencia, desplazando incluso a la inflación como la preocupación central de la agenda pyme.
Con un índice de confianza en el Gobierno a la baja y expectativas de mejora que cayeron del 70% al 30% en un año, el universo pyme —que engloba a más de 11 millones de trabajadores— enfrenta un cierre de semestre marcado por la cautela extrema y la planificación de recortes para evitar el cierre definitivo.
