
Tras terminar internada en un centro de salud, la menor de edad no ha podido retomar sus estudios y sufre complejas consecuencias físicas.
A través de un desgarrador relato, la mamá de la pequeña de 10 años visibilizó las secuelas que hoy padece la víctima.Un violento giro trastocó la realidad de una familia tucumana. Aquella pesadilla que se originó tiempo atrás tomó dimensiones impensadas y provocó un daño de magnitudes severas que todavía intentan procesar.
Antes de que todo esto ocurriera, la menor cumplía con sus jornadas escolares sin mayores sobresaltos. Los inconvenientes surgieron el ciclo pasado a raíz de ciertos movimientos internos en su división. Al notar que algo andaba mal, Paula conversó con su hija y empezó a recolectar datos sobre las agresiones. Sin embargo, al confrontar a los padres de las alumnas señaladas, se encontró con una barrera de negación absoluta.
La violencia no dio tregua: desde sustracción de objetos personales en la puerta del colegio hasta agresiones físicas directas dentro del aula, donde la empujaban y tiraban de su asiento. La escalada finalizó un viernes de septiembre de 2025 tras un careo infructuoso entre los padres. Como represalia, la pequeña fue blanco de llamadas intimidantes y textos amenazantes en su teléfono, generando un cuadro severo que motivó su urgente hospitalización en el efector Avellaneda.
Actualmente la menor continúa refugiada en su hogar. Tras un prolongado período donde perdió la capacidad de caminar y expresarse, hoy avanza lentamente bajo supervisión médica. Su madre remarca la enorme brecha entre la niña alegre que solía ser y la dura batalla que hoy libran para que pueda recuperar su autonomía básica.
