Tras 20 años de investigación y 14 jornadas de juicio, el tribunal dictó la absolución por «beneficio de la duda» y falta de pruebas. Es el cierre del último debate oral por el asesinato de la estudiante de Comunicación Social.
El asesinato de Paulina Lebbos, ocurrido en 2006, sumó un nuevo y amargo capítulo de impunidad. El Tribunal de la Sala III, integrado por los jueces Fabián Fradejas, Gustavo Romagnoli y Luis Morales Lezica, dictó la absolución de los últimos dos imputados que llegaron a esta instancia: César Soto (expareja de Paulina) y Sergio Kaleñuk (hijo de un exsecretario de la Gobernación).
En el caso de Soto, quien enfrentaba un pedido de prisión perpetua, los magistrados aplicaron el beneficio de la duda. Consideraron que las pruebas presentadas por el fiscal Carlos Sale no fueron suficientes para alcanzar la certeza necesaria sobre su autoría material en el homicidio. Por su parte, Kaleñuk fue absuelto debido a que la propia fiscalía desistió de la acusación en los alegatos finales, citando una «orfandad probatoria» para vincularlo con las maniobras de ocultamiento del cuerpo.
Durante el debate, la defensa de Soto remarcó que la investigación original estuvo viciada desde el inicio por el encubrimiento policial, lo que borró huellas y dificultó la recolección de evidencias físicas directas tras dos décadas. Alberto Lebbos, padre de Paulina, expresó su profundo malestar con el Ministerio Público Fiscal, calificando de arbitrario el retiro de cargos contra uno de los sospechosos.
Aunque el caso Lebbos ya tuvo sentencias históricas que terminaron con la cúpula policial de aquel entonces y un exfiscal tras las rejas por encubrimiento, la justicia tucumana sigue sin poder responder la pregunta básica: ¿quién mató a Paulina? Con este fallo, el autor material del crimen continúa en libertad y el proceso judicial llega a su fin sin responsables condenados por el homicidio.
