Un informe privado advierte sobre el fuerte impacto de la caída de la actividad, la capacidad ociosa y la apertura comercial en el sector manufacturero. El relevamiento se conoce en medio de una fuerte polémica y cruces verbales entre el ministro Luis Caputo y los referentes industriales.
El sector industrial atraviesa un escenario de extrema complejidad. De acuerdo con un relevamiento elaborado por la consultora I+D (Industria y Desarrollo) en base a cifras de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), durante este año podrían cerrar más de 3.000 empresas industriales y perderse unos 105.000 puestos de trabajo adicionales (60.000 directos y 45.000 indirectos).
El informe detalla que solo en los primeros cuatro meses de 2026 ya dejaron de funcionar 1.070 firmas, sumando un total de 3.759 industrias menos desde diciembre de 2023 hasta abril de este año. La tendencia expansiva del cierre de plantas se da en un contexto donde la capacidad ociosa promedio del sector ronda el 40%, golpeada por una demanda interna debilitada, costos en dólares al alza y el impacto de la competencia comercial.
El «efecto sándwich» y los sectores más golpeados
Según explicó Diego Coatz, director de la consultora y execonomista jefe de la UIA, la industria se encuentra atrapada en un «efecto sándwich»: limitadas por la caída de ventas en el mercado interno y presionadas por costos crecientes y la presión importadora.
Los datos oficiales y privados coinciden en que el nivel de actividad manufacturera se encuentra casi un 9% por debajo del promedio registrado en 2023. Entre las ramas más castigadas en el último año se destacan textiles, prendas de vestir, cuero y calzado, maquinaria y equipo, y la industria automotriz-autopartista, todas con contracciones de dos dígitos.
Fuerte cruce entre el Gobierno y la UIA
Los números de la crisis fabril trascendieron en medio de un duro cruce político y dialéctico. El ministro de Economía, Luis Caputo, cuestionó con dureza a los críticos del modelo económico durante una presentación ante empresarios en la Cámara de Agentes de Bolsa, apuntando contra «los tarados que hablan de la industria» y defendiendo la competitividad frente a los esquemas de subsidios del pasado.
La respuesta de la Unión Industrial Argentina (UIA) no tardó en llegar. Su presidente, Martín Rappallini, calificó las declaraciones del funcionario como «infelices» y que «no ayudan al diálogo». No obstante, aclaró que «defender la industria no es incompatible con defender la estabilidad macroeconómica», reclamando al mismo tiempo condiciones equitativas frente a la presión impositiva, los costos laborales y la competencia desleal. En la misma línea se sumaron entidades regionales como la Federación de Industriales de Santa Fe y Adimra, exigiendo respeto institucional y políticas de estímulo para el aparato productivo nacional.
