La falta de orientación vocacional y la crisis moldean un presente de incertidumbre. Solo 1 de cada 10 alumnos llega al final del secundario con conocimientos satisfactorios.
¿De qué vas a trabajar cuando seas grande? Esa pregunta, que antes tenía respuestas rápidas, hoy encuentra un silencio preocupante en las aulas argentinas. Según el informe “¿Cómo imaginan los adolescentes su futuro laboral?”, el 52% de los estudiantes de 15 años no puede identificar una ocupación para su vida adulta, una cifra que se duplicó con creces respecto al 2018, cuando solo el 22% manifestaba esa duda.
Los especialistas advierten que este fenómeno no es falta de interés, sino el reflejo de un contexto hostil. La inflación, la inestabilidad y una tasa de desempleo juvenil que triplica a la de los adultos generan una barrera de ansiedad. «El puente entre la escuela y el sector productivo no existe», señalan referentes educativos, destacando que el 94% de las empresas no encuentra los perfiles que busca, mientras los jóvenes no logran insertarse.
Dentro de la brecha social y educativa, la incertidumbre golpea con más fuerza en los sectores vulnerables. En los hogares con menores ingresos, 6 de cada 10 jóvenes no pueden proyectar una ocupación. A esto se suma el deterioro en los aprendizajes: más del 50% de los chicos termina la secundaria con niveles de matemática por debajo de lo básico, lo que reduce drásticamente sus herramientas para competir en un mercado que hoy demanda habilidades tecnológicas y adaptabilidad.
Entre el porcentaje de chicos que sí logra definir un deseo, las opciones son poco diversas. Las mujeres tucumanas y argentinas suelen inclinarse por Medicina, Psicología y Abogacía, mientras que los varones eligen ser deportistas, ingenieros o profesionales TIC. Sin embargo, estas aspiraciones chocan con una realidad donde 6 de cada 10 empleos juveniles son informales, sin aportes ni obra social.
