Con apenas 19 años, el artista de Buenos Aires se alzó con el Gardel de Oro y un récord de 13 estatuillas gracias a su proyecto folklórico. En la intimidad del camarín, reflexionó sobre sus orígenes, el valor de la familia y el orgullo de llevarse los premios en un bolso de su club.
La música urbana y las raíces tradicionales de nuestro país se fundieron en una noche consagratoria que quedará marcada en las páginas doradas de la cultura nacional. Con apenas 19 años —cumplirá los 20 en octubre—, Camilo Joaquín Villarruel, artísticamente conocido como Milo J, se convirtió en el gran titán de la 28a. entrega de los Premios Gardel organizada por CAPIF, al alzarse con el codiciado Gardel de Oro y cosechar un total de 13 estatuillas en el Teatro Coliseo.
El descomunal éxito del joven oriundo de Buenos Aires estuvo traccionado por su aclamado disco de impronta nativa, La vida era más corta, y su participación en el proyecto colectivo ¡FAlklore! junto a Mex Urtizberea. Veinte minutos después de tocar el cielo con las manos, en la intimidad de su camarín y rodeado por el afecto de su familia y sus amigos de la infancia, el músico dialogó sobre el torbellino de emociones que atraviesa.
De personaje secundario al Olimpo musical
«Creo que nunca termino de ser consciente, la verdad, pero eso es lindo. Me sigo sorprendiendo con lo que me pasa. Yo fui el personaje secundario de mi propia vida toda la vida, y ahora ser seleccionado de esta manera es una locura», confesó Milo con una timidez que contrasta con su arrolladora madurez artística sobre el escenario.
Al ser consultado sobre una de las frases más potentes de su discurso de aceptación, donde aseguró que el arte le transformó la existencia, el joven cantante fue taxativo: “La música me salvó de no ser feliz. Una de las peores cosas que te pueden pasar en la vida. Yo encuentro tranquilidad, confort y breves momentos de felicidad en esto”.
Además, valoró el masivo respaldo de sus pares de la industria, quienes en la alfombra roja lo señalaban unánimemente como el candidato al Oro: «Vale triple, cuádruple, quíntuple. Respeto muchísimo a todos, a los del palo del folklore, del pop, del RKT. Siento que esto tiene valor porque los demás artistas están de acuerdo».
El orgullo de Morón y la conexión folklórica
El camino hacia el máximo galardón de la música argentina no estuvo exento de dificultades para el cantante, quien se encargó de reivindicar sus raíces populares frente a los prejuicios de la industria:
- La realidad del barrio: «No vengo de un lugar donde estemos llenos de oportunidades, herramientas, comida y plata. Llegar a estos lugares viniendo de Morón Sur, del barrio San José, no es tan fácil como algunos piensan. Sabemos bien todo lo que se sufre para llegar hasta acá».
- Identidad musical: Respecto a su incursión en los ritmos tradicionales, detalló que el folklore lo hace sentir siempre en su hogar. «Vos lo escuchás y estás en tu casa, no importa en qué país o ciudad estés. Es un género que me hace sentir cómodo».
- Contención compartida: Sus amigos de toda la vida forman parte activa de su equipo de trabajo como filmmakers y asistentes de escenario. «Es como estar en casa todo el tiempo», describió con una sonrisa.
Haciendo memoria, el artista recordó que en su debut en los premios, hace apenas dos años, ganar el rubro de Artista Revelación lo hizo festejar “como si Morón ascendiese a Primera”. Fiel a esa pasión inquebrantable por el club de sus amores, Milo J se despidió mostrando el equipaje donde acomodaría sus pesados galardones para emprender el regreso al barrio: un bolso deportivo con el escudo reluciente de «El Gallo».
