Una investigación de la UNFPA reveló que la abrupta caída en la tasa de natalidad no responde a un desinterés por formar una familia, sino a barreras económicas, laborales y de vivienda que impiden cumplir con el proyecto de tener más hijos.
El escenario demográfico de la Argentina atraviesa una transformación profunda. En los últimos años, la tasa de fecundidad experimentó un descenso vertiginoso hasta ubicarse en 1,2 hijos por mujer en 2024, una cifra muy por debajo del umbral de reemplazo poblacional (2,1). Sin embargo, detrás de esta merma estadística no se esconde una falta de deseo, sino una profunda brecha entre las expectativas de la sociedad y las posibilidades reales de concretarlas.
Así lo refleja la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas en Argentina, elaborada por la oficina local del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), la cual arrojó un dato contundente: el 57% de las personas de entre 18 y 45 años tiene menos hijos de los que en realidad desea.
El deseo vigente frente a los obstáculos materiales
«Los hallazgos de este estudio revelan que la baja natalidad no responde sencillamente a un desinterés generalizado por formar una familia. Se trata de un proceso multicausal, atravesado por condiciones económicas, sociales, laborales y culturales», detalla el informe. Si bien dos tercios de la población consideran que tener hijos es importante para alcanzar una vida plena, la concreción de ese deseo choca con condicionantes materiales concretos.
De acuerdo con el relevamiento, seis de cada diez personas limitaron la cantidad de descendientes debido a tres obstáculos principales:
- Limitaciones financieras: el costo de la crianza y la falta de ingresos suficientes afectan al 47% de quienes no pudieron cumplir con su deseo reproductivo.
- Inseguridad laboral: la inestabilidad en el empleo impacta negativamente en el 29% de los casos.
- Acceso a la vivienda: la dificultad para adquirir o alquilar una propiedad condiciona al 27% de la población.
A estos factores se suman la escasez de redes u opciones de cuidado de calidad y la persistencia de asimetrías de género, donde las mujeres continúan cargando con el mayor peso de las tareas domésticas y de crianza, un factor que frena las posibilidades de ampliar la familia.
De la postergación a las tendencias generacionales
El estudio también detalla que, si bien la edad ideal percibida para la maternidad/paternidad se ubica entre los 27 y 28 años, la tendencia actual marca una postergación hacia la franja de los 30 a los 39. A la par, se observa un matiz generacional: entre los varones más jóvenes (de 18 a 24 años), un 38% sostiene concepciones tradicionales sobre la división de roles en el hogar, duplicando la proporción de mujeres de su misma edad que adhieren a esa postura.
Para los especialistas, la clave radica en revisar las condiciones socioeconómicas y las políticas públicas vinculadas al empleo, el acceso habitacional y la infraestructura de cuidados para lograr achicar la brecha entre la familia que los argentinos anhelan y la que efectivamente pueden sostener.
