La Fundación Crecer en Familia alertó que, pese a contar con fallos judiciales a favor, cientos de padres, madres y abuelos no logran reencontrarse con sus hijos. Cuestionan que se delegue en niños pequeños la decisión sobre el vínculo y exigen una reforma urgente en el sistema.
El dolor de no poder ver a un hijo o nieto es una realidad que atraviesan cientos de familias tucumanas, muchas de las cuales, tras años de litigios, se encuentran con un sistema que, lejos de reparar los vínculos, parece profundizar la fractura. Federico Quevedo, titular de la Fundación Crecer en Familia, expuso una situación alarmante: apenas el 10% de los procesos de revinculación en la provincia logra concretarse con éxito.
El nudo del problema
El reclamo de la organización apunta directamente al funcionamiento de la Casa de Revinculación. Según Quevedo, el problema no reside en la etapa judicial —donde muchas veces se obtienen sentencias favorables— sino en la ejecución de las mismas.
«Las sentencias no llegan a buen puerto; en la Casa de Revinculación no se terminan dando las revinculaciones», denunció el dirigente tras una reunión con autoridades de la Cámara en lo Civil de Familia y Sucesiones. La crítica principal es que el personal de la institución tiende a reiniciar procesos administrativos que dilatan los tiempos, un factor que, en términos de vínculos humanos, suele ser irreversible.
Polémica por la «escucha» a los niños
Uno de los puntos más controvertidos es la metodología aplicada con niños pequeños. Desde la fundación sostienen que, a edades de 3 o 4 años, se los coloca en un lugar de «jueces» al preguntarles si desean ver al progenitor ausente.
Para Quevedo, esta práctica es una interpretación errónea del derecho del niño a ser escuchado. «Esas decisiones deben ser tomadas por profesionales y adultos responsables», argumentó, advirtiendo que en contextos de alta conflictividad familiar, donde suele haber una parte que obstruye el vínculo, el niño no cuenta con las herramientas emocionales para decidir sin ser influenciado.
Consecuencias que marcan vidas
El impacto de esta inacción no solo afecta a los padres, sino también a abuelos y tíos que, a menudo, quedan fuera del sistema por la imposibilidad de afrontar los altos costos de la justicia. La historia personal de Quevedo es un ejemplo del costo emocional: tras 10 años de litigios ganados, el paso del tiempo le impidió retomar el vínculo con su hija basándose en el argumento de «autonomía progresiva».
«Mi padre falleció llevándose solo la foto de mi hija de cuando era niña», relató el referente, subrayando que el tiempo perdido en el vínculo humano no se recupera.
Ante este panorama, la Fundación Crecer en Familia ha convocado a una manifestación frente a los Tribunales provinciales. El pedido es claro: que el sistema deje de ser un trámite burocrático ineficaz y cumpla con el objetivo fundamental de proteger el derecho de los niños a crecer con ambos padres y su familia extendida.
