A propósito del 1° de mayo, un informe advierte sobre los peligros de las jornadas extensas. Trabajar más de 55 horas semanales aumenta drásticamente el riesgo de infartos y estrés crónico. Los especialistas tucumanos recomiendan poner límites.
En el marco del Día del Trabajador, la salud laboral se pone bajo la lupa. Aunque el empleo es una base vital para el desarrollo personal, el exceso de horas está pasando factura a nivel global. Un reciente informe citado por National Geographic revela datos alarmantes: el sobreesfuerzo laboral está vinculado a cientos de miles de muertes por accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardíacas. En Tucumán, donde el sedentarismo en oficinas y las largas jornadas comerciales son comunes, los expertos advierten que el impacto puede manifestarse incluso diez años después.
El principal enemigo es el cortisol, la «hormona del estrés». Cuando trabajamos de más, el cuerpo permanece en alerta constante, lo que deriva en hipertensión, ansiedad y trastornos digestivos. Alexis Descatha, investigador especializado, señala que el problema no es solo la oficina, sino lo que dejamos de hacer fuera de ella: quienes exceden las 40 o 55 horas semanales suelen abandonar la buena alimentación y el descanso reparador.
A esto se suma el riesgo del sedentarismo para quienes trabajan sentados. Estar frente a un escritorio sin pausas aumenta las chances de desarrollar diabetes tipo 2 y lesiones lumbares crónicas. Los especialistas sugieren que la «flexibilidad» ya no es solo un beneficio corporativo, sino una necesidad médica. Establecer límites claros entre el trabajo y el ocio es fundamental para evitar que el cuerpo colapse ante la presión productiva.
Este 1° de mayo, el mensaje de los profesionales es claro: cuidar el empleo es importante, pero cuidar la salud es urgente. Incorporar pausas activas y respetar las horas de sueño son los primeros pasos para que el trabajo siga siendo una herramienta de vida y no un factor de riesgo.
