Martina Bellucci nació en Tafí Viejo y a los 26 años se operó en Buenos Aires. Sin eufemismos, detalla cómo fueron las siete horas de cirugía, los rigurosos cuidados diarios, las dilataciones de por vida y el impacto de transformar su cuerpo para vivir en consonancia con su identidad.
A los 18 años empezó el tratamiento hormonal. A los 21 se mudó a Buenos Aires. Y en febrero de 2025, a los veintiséis, se acostó en una camilla y se quedó dormida con un cuerpo. Cuando despertó, tenía otro.
La historia de Martina Bellucci refleja un camino de transición que comenzó en su Tafí Viejo natal — donde creció entre talleres ferroviarios y el apoyo de su familia— hasta consolidar una profunda transformación personal que hoy relata sin tabúes.
La operación de reasignación de sexo es uno de los procedimientos más complejos y menos explicados del sistema de salud. Lejos de los mitos que hablan de una simple amputación, Martina explica que el procedimiento implica una reconstrucción con el tejido existente. «La gente piensa que hacerse la reasignación es como que te cortan y ya está. Yo me quedé con lo que tenía; con los mismos tejidos hacen la vagina, los labios mayores, menores y el clítoris» detalló en diálogo con Infobae.
El quirófano y un postoperatorio sin eufemismos
El proceso quirúrgico demanda entre siete y ocho horas bajo efectos de la morfina. Sin embargo, lo más duro comienza tras el alta médica. Lejos de ser un trámite sencillo, Martina describe el postoperatorio como un proceso exigente que requiere disciplina estricta: «El postoperatorio es feo, no es lindo. Es una cirugía mayor».
Entre los aspectos más complejos se encuentran las dilataciones mecánicas, un procedimiento indispensable para mantener abierta la cavidad vaginal. Durante los primeros meses, la rutina exige realizarlas cuatro veces al día utilizando cilindros de acrílico. Aunque con el tiempo la frecuencia disminuye —complementada por una vida sexual activa que ella describe como disfrutada «al cien por cien»—, la práctica debe mantenerse de por vida.
De Tafí Viejo a Buenos Aires: reconstrucción y nuevos horizontes
El trayecto de Martina no estuvo exento de obstáculos materiales y familiares, aunque destacó el acompañamiento de sus hermanos y de su madre, quien inicialmente recelaba pero terminó comprándole las hormonas cuando aún no eran de acceso gratuito.
Años más tarde, ya afianzada en Buenos Aires y tras haber transitado otras intervenciones de feminización facial e implantes, la joven decidió someterse a la cirugía definitiva. Hoy, separada de su expareja y enfocada en nuevos proyectos laborales y personales —como la administración de su cuenta de OnlyFans y el sueño de tener su propia marca de ropa—, sintetiza su presente sin vueltas: «No hay nada más hermoso que ser lo que uno quiere ser, siente ser y no caretearla».
