Desde crímenes impunes que datan de hace dos décadas hasta el reciente hallazgo de cocaína en Río Seco, la ciudad se ha convertido en un punto central para las organizaciones criminales. Un repaso por la historia de un territorio marcado por el narcotráfico.
Cuando los expedientes judiciales por narcotráfico y delitos conexos se amontonan sobre los escritorios de los fiscales federales y provinciales, una palabra surge con insistencia: Famaillá. Lo que durante años se intentó explicar como hechos aislados, hoy es visto por los investigadores como una pieza fundamental en el engranaje del crimen en el sur tucumano.
Un historial de sombras
La conexión entre la ciudad y el mundo delictivo no es reciente. El caso de Adrián Mansilla, desaparecido en 2003, marcó un precedente oscuro. Mansilla, quien trabajaba en el entorno de figuras políticas locales, viajaba frecuentemente a Buenos Aires y regresaba con «paquetes misteriosos». Su secuestro y posterior asesinato —que involucró a personas del círculo íntimo de los hermanos Orellana— dejó trascender, extraoficialmente, un motivo que se convertiría en un clásico de la zona: el robo de un cargamento de cocaína.
Años después, la impunidad se cobró otras víctimas en el «Crimen de los guardianes» (2015). El doble homicidio de los sargentos Alberto Valdez y Ángel Véliz en Río Colorado, cerca de Famaillá, terminó con una trama de amenazas y silencio en los tribunales, donde los testigos señalaron nuevamente a allegados a la familia Orellana, sin que la justicia lograra romper el muro de complicidad.
Del transporte a la droga: perfiles bajo la lupa
La ciudad también ha sido cuna de personajes con trayectorias inexplicables. Un caso emblemático es el de Claudio Ávalos, quien pasó de ser un empresario de maquinaria vial —vinculado a trabajos para el municipio— a ser detenido en Bolivia por el secuestro de un proveedor de cocaína. A pesar de su captura en suelo boliviano y su posterior detención en Famaillá en 2022, errores burocráticos permitieron que recuperara su libertad en menos de 48 horas, volviendo a desaparecer del radar oficial.
La actualidad: narcomenudeo y grandes cargamentos
La Justicia parece haber encontrado un patrón más claro en los últimos años:
- Distribución a gran escala: El caso de Lucas Nazaré Córdoba (34) encendió las alarmas de la Unidad Fiscal de Narcomenudeo del Sur. Lo que comenzó como una causa por venta minorista terminó revelando, tras pericias telefónicas, que Córdoba funcionaba como un distribuidor mayorista con conexiones en todo el sur provincial.
- La sospecha reciente: La detención de José “Pelaín” Nassif, señalado como proveedor de redes locales, abrió un nuevo frente de investigación: los fiscales intentan determinar si tuvo participación logística en el histórico secuestro de los 470 kilos de cocaína en Río Seco, reforzando la tesis de que Famaillá sigue siendo un epicentro operativo para el narcotráfico en la provincia.
La recurrencia de estos nombres en expedientes que atraviesan dos décadas de historia plantea una pregunta que Tucumán busca responder: ¿es Famaillá una víctima de su posición geográfica o un centro neurálgico donde el poder y el narcotráfico han logrado establecer una simbiosis peligrosa?
