La edad promedio de inicio en el consumo es de 13 años, posicionando a la Argentina como el país con mayor prevalencia en esta franja etaria de todo el continente. Especialistas advierten por el daño neurocognitivo y reclaman un cambio urgente en la inversión pública.
La salud pública argentina enfrenta un desafío crítico que no deja de escalar: el consumo de alcohol en adolescentes. Según datos oficiales de la Sedronar, siete de cada diez jóvenes de entre 12 y 17 años consumen bebidas alcohólicas, una cifra que sitúa al país al tope de los índices de consumo juvenil en toda América, superando incluso a potencias como Estados Unidos.
El fenómeno no solo es alarmante por su extensión, sino también por sus modalidades. El «binge drinking» —la ingesta masiva de cinco o más tragos en un periodo breve— se ha normalizado en contextos escolares y sociales, generando una preocupación creciente entre las autoridades sanitarias.
Un problema cultural con impacto neurológico
El doctor Carlos Damín, médico toxicólogo y director del Hospital Fernández, advirtió que estamos ante un problema de raíz cultural profundamente arraigado. “El 87% de la sociedad argentina consume alcohol. Si no tenemos una actitud de cuidado de la salud como valor, el chico no tiene dónde aprenderlo”, explicó el especialista, remarcando que el cerebro adolescente, al estar en pleno proceso de desarrollo, es extremadamente vulnerable a las secuelas cognitivas y conductuales que provoca el etanol.
El desfasaje en las prioridades estatales
Damín fue contundente al analizar dónde el Estado pone los recursos para combatir este problema:
- La disparidad: Mientras que la secretaría abocada a la lucha contra el narcotráfico recibe presupuestos cercanos a los 1.500 millones de dólares, la Sedronar (encargada de la prevención y asistencia) apenas cuenta con 20 millones.
- Crítica al modelo: Para el toxicólogo, la estrategia de «luchar contra la oferta» ha fracasado sistemáticamente, mientras que la prevención y la lucha contra la demanda siguen siendo las grandes postergadas del presupuesto nacional.
¿Qué rol ocupa la familia?
Más allá de las políticas públicas, el médico subrayó que el ejemplo en el hogar es el primer eslabón de la cadena preventiva. “Los chicos nunca hacen lo que les decimos; lo que nosotros hacemos, nos copian”, sentenció, desmitificando la eficacia de los consejos verbales cuando no están acompañados por una conducta coherente de los adultos.
La evidencia es clara: la prohibición legal de venta a menores de 18 años, si bien existe, es sistemáticamente ignorada en la práctica cotidiana. El desafío para la sociedad actual es, entonces, cómo transformar el consumo de alcohol de un hábito social aceptado y validado, en una conducta responsable, donde la salud sea realmente un valor a proteger.
