Semyon Skrepetsky, reconocido por sus caricaturas críticas contra el Kremlin, fue ejecutado en un estacionamiento cerca de la frontera con Belarús. Las autoridades polacas detuvieron a dos ciudadanos bielorrusos en relación con el ataque.
Un crimen con tintes políticos sacude a la comunidad internacional. Este martes, la Fiscalía de Distrito de Lublin, Polonia, confirmó el asesinato de Semyon Skrepetsky (su nombre real era Robert Kuzovkov), un artista ruso de 44 años que vivía exiliado en ese país desde 2021, tras huir de Rusia por temor a represalias debido a su activismo.
Un ataque ejecutado con frialdad
El homicidio ocurrió el lunes por la mañana en un estacionamiento residencial en la ciudad de Biała Podlaska, ubicada estratégicamente cerca de la frontera con Belarús. Según el portavoz de la fiscalía, Marcin Kozak, el agresor abordó a Skrepetsky y le disparó en dos ocasiones. Tras la caída de la víctima, el atacante se acercó para efectuar tres disparos adicionales en la cabeza y el pecho antes de darse a la fuga.
La respuesta de las fuerzas de seguridad fue inmediata. Poco después del hecho, la policía polaca detuvo a dos ciudadanos bielorrusos, de 37 y 33 años, en las cercanías del Consulado de Belarús en la misma ciudad. La investigación busca determinar ahora si ambos actuaron como autores materiales o si participaron en una operación coordinada.
Arte, crítica y controversia
Skrepetsky se había ganado un nombre como un prolífico crítico del régimen de Vladimir Putin. Sus obras, caracterizadas por un estilo psicodélico que a menudo emulaba la estética de los íconos ortodoxos rusos, retrataban con sarcasmo a Putin y a otras figuras de la política global, como Xi Jinping, Donald Trump y Elon Musk.
A pesar de haber sido un opositor acérrimo del Kremlin —llegando incluso a quemar su pasaporte ruso tras el inicio de la invasión a Ucrania en 2022—, su figura no estuvo exenta de polémica. Con el correr de los años, Skrepetsky también lanzó duras críticas contra sectores de la oposición rusa, incluyendo al fallecido Alexey Navalny, y manifestó una postura cada vez más distante respecto al liderazgo ucraniano.
Este asesinato reaviva las tensiones en una región marcada por el espionaje y la persecución de disidentes, mientras Polonia e instituciones internacionales observan con atención si el crimen fue motivado por su contundente obra política.
