La fotografía furtiva bajo la falda, un delito que azota al país desde hace años, alcanzó cifras récord en 2025. Expertos advierten sobre una tendencia alarmante: el involucramiento de niños y adolescentes en la creación y distribución de material de abuso sexual digital.
Japón enfrenta una crisis de seguridad digital que trasciende las fronteras de lo tradicional. Lo que durante años fue un delito cometido mayoritariamente por adultos en estaciones de tren y lugares públicos, hoy ha mutado hacia una realidad más oscura: el crecimiento exponencial de menores de edad como autores de upskirting y voyerismo fotográfico.
Una tendencia que preocupa a las autoridades
Los datos policiales son contundentes. En 2025, el país registró 9.237 detenciones por voyerismo, la cifra más alta hasta la fecha. Sin embargo, el dato que mantiene en vilo a las autoridades es la edad de los responsables: los casos denunciados que involucran a menores se multiplicaron casi por seis en 2024, una tendencia que continuó en ascenso durante el año pasado.
Psicólogos designados por los tribunales, como Daisuke Nakamura, advierten que la edad de los pacientes ha bajado drásticamente. «Hace 15 años, la mayoría eran hombres de mediana edad. Ahora veo a alumnos de secundaria y bachillerato, e incluso ocasionalmente a estudiantes de primaria», reveló a CNN.
La «cicatriz digital»: el impacto en las víctimas
El caso de Ayaka, una niña que fue víctima de su profesor de natación, ilustra el horror que enfrentan miles de familias. El atacante distribuía contenido ilícito en plataformas de mensajería como Telegram, donde otros usuarios celebraban el material de abuso.
Para las víctimas, el daño es doble: además del trauma inmediato, la llamada «cicatriz digital» los persigue para siempre. «Los autores pueden pagar sus delitos, pero mi hija tendrá que convivir con estos videos el resto de su vida», declaró el padre de la menor.
¿Por qué ocurre esto?
Expertos en ciberseguridad señalan una combinación de factores que crean una «tormenta perfecta»:
- Acceso temprano a la tecnología: Los niños acceden a dispositivos digitales con cámaras de alta resolución antes de recibir una formación mínima en ética y alfabetización digital.
- Conductas imitativas: La omnipresencia de contenido pornográfico y de abuso en línea facilita que los jóvenes busquen replicar estas conductas, muchas veces impulsados por la búsqueda de adrenalina o validación en grupos de redes sociales.
- Vacíos legales: Aunque Japón introdujo una ley nacional contra el voyerismo en 2023, los críticos sostienen que el marco jurídico aún lucha por adaptarse al entorno digital, donde las leyes contra la pornografía infantil a veces no alcanzan a tipificar todas las formas de abuso sexual digital.
Un desafío para la sociedad
Japón ha implementado medidas como la obligatoriedad de que los teléfonos inteligentes emitan un sonido al disparar la cámara y la creación de un registro de agresores sexuales. No obstante, ante la falta de acceso público a estas bases de datos y la naturaleza clandestina de las redes de abuso, la protección de la infancia sigue siendo una asignatura pendiente.
«Mientras el autor puede seguir con su vida, la víctima carga con un daño permanente», sentencian los expertos, mientras el gobierno y la sociedad civil debaten sobre cómo educar a una generación que ha crecido con la herramienta del abuso en el bolsillo.
