El histórico delincuente tucumano sumó una nueva sentencia por un doble homicidio. A pesar de la cifra récord de años de cárcel, las leyes argentinas limitan su tiempo efectivo de encierro. Actualmente, denuncia condiciones de «tortura» en el penal de Ezeiza.
Miguel «Miguelón» Figueroa, el hombre que llegó a desafiar al sistema judicial y al poder político de Tucumán, ha terminado siendo protagonista de un récord histórico: acumula sentencias que suman 73 años de prisión, una cifra sin precedentes en la justicia ordinaria de nuestra provincia. Sin embargo, debido a las normas vigentes en nuestro país, la realidad de su condena es otra.
Un historial de sangre y escalada criminal
Nacido en Villa 9 de Julio, Figueroa comenzó con robos menores hasta convertirse en uno de los narcotraficantes más influyentes de la región. Su ascenso estuvo marcado por la violencia y la capacidad de comprar voluntades dentro de las fuerzas de seguridad.
Tras el asesinato de su hermano Gonzalo en 2020, «Miguelón» inició un raid sangriento en busca de venganza. Entre sus crímenes más resonantes se encuentra el doble homicidio de Héctor Gabriel Amaya y Leonardo Sepúlveda, además del asesinato de Ramiro Exequiel Ledesma. Estos hechos, sumados a las amenazas proferidas contra fiscales, jueces y el propio gobernador Osvaldo Jaldo, configuraron una carrera delictiva que culminó en un encierro definitivo.
El límite de los 35 años
Aunque las condenas suman 73 años, su situación legal cambiará próximamente tras la unificación de penas. Su defensor, Víctor Padilla, confirmó lo que dicta la ley: «La legislación argentina establece que el máximo de cumplimiento efectivo es de 35 años». Figueroa, que ya cumple condena en el penal de Ezeiza tras un frustrado plan de fuga en Villa Urquiza, no podrá permanecer tras las rejas más tiempo que ese límite.
Entre los estudios y la denuncia de «tortura»
Mientras aguarda la unificación de penas, Figueroa transcurre sus días en un régimen de altísima seguridad en Buenos Aires. A través de su abogado, sostiene que sus condiciones de encierro son inhumanas:
- Aislamiento extremo: Denuncia pasar 23 horas diarias en soledad.
- Restricción de contactos: Asegura que solo tiene 20 minutos semanales para comunicarse con su familia.
- Entorno hostil: «Comparto pabellón con integrantes de Los Monos y terroristas musulmanes. No encajo con esa gente», declaró ante la Justicia.
Figueroa asegura que intenta cursar la carrera de Abogacía, aunque depende de la facilitación de apuntes. «Es una tortura lo que estoy viviendo», concluyó el detenido, quien busca desesperadamente modificar su situación carcelaria mientras el Poder Judicial termina de cerrar el capítulo de sus condenas.
