La especialista en crianza digital Lucía Fainboim advirtió que el acceso a billeteras virtuales y la publicidad agresiva naturalizaron las apuestas desde los 10 años. «Estamos ante una cultura donde el juego es parte de la vida cotidiana en el aula», alertó.
El fenómeno de las apuestas online ha dejado de ser un problema exclusivo de los adultos. Según la licenciada Lucía Fainboim, especialista en crianza digital, estamos ante un escenario donde los niños y adolescentes han integrado el juego por dinero como una dinámica más de su sociabilidad. «Lo que estamos viendo es que hoy, un chico que no apuesta es una excepción», sintetizó.
¿Cómo llegan los chicos al mundo de las apuestas?
El acceso temprano a la tecnología y la falta de barreras de contención son los pilares de esta problemática. Fainboim identificó tres factores clave que aceleraron esta tendencia:
- Billeteras virtuales: Muchas aplicaciones permiten a menores operar cuentas con aval familiar a partir de los 10 años. Este acceso directo al dinero digital borra la noción de valor que suele otorgar el efectivo físico.
- Publicidad omnipresente: El bombardeo de influencers que promocionan sitios de apuestas, sumado a la presencia de estas marcas en camisetas de fútbol y publicidad en redes, construye una falsa sensación de normalidad y facilidad para ganar dinero.
- Cultura escolar: El hábito ha llegado a las aulas. La especialista relató que los estudiantes hoy apuestan sobre resultados académicos o situaciones cotidianas del colegio, como cuántos alumnos reprobarán un examen o cuándo un docente llamará la atención a un compañero.
El debate sobre el control y la educación
Fainboim es crítica respecto a la carga de responsabilidad que recae sobre los padres. «No podemos pretender que las familias luchen solas contra estos molinos de viento», sentenció. Si bien las plataformas han intentado implementar controles biométricos, los jóvenes encuentran caminos hacia sitios ilegales donde no existen restricciones.
¿Qué pueden hacer las familias? La especialista propone un cambio de enfoque en la educación financiera de los menores:
- Retrasar el dinero digital: Cuestionar si un niño de 10 u 11 años está realmente preparado para gestionar billeteras virtuales.
- Volver al dinero físico: Fomentar el uso de efectivo para que los chicos aprendan el valor de la moneda a través de la experiencia directa.
- Reforzar la educación financiera: Priorizar la comprensión del manejo responsable del dinero antes de habilitar el acceso a plataformas digitales que facilitan el juego inmediato.
La advertencia es clara: la solución debe ser colectiva e involucrar políticas de regulación más estrictas sobre la publicidad y el acceso, ya que el esfuerzo individual de los hogares se vuelve insuficiente frente a la magnitud del marketing digital dirigido a las infancias.
