Coudet apuesta a la jerarquía de Acuña y la frescura de sus pibes, mientras que el Belgrano del «Ruso» Zielinski saca chapa con un plantel repleto de figuras.
El fútbol argentino se paraliza ante una definición que tiene todos los condimentos para quedar en el recuerdo. Más allá del inevitable folclore y los antecedentes históricos que rodean a este cruce, la final del Torneo Apertura entre River Plate y Belgrano de Córdoba se presenta como un choque de planetas futbolísticos de altísimo nivel. Con propuestas tácticas bien marcadas, planteles plagados de estrellas y el regreso de las dos parcialidades a las tribunas, la cita en el Estadio Mario Alberto Kempes promete ser un verdadero partidazo.
Por el lado del Pirata, el proceso comandado por Ricardo «Ruso» Zielinski alcanzó su madurez futbolística apuntalado por una fuerte inyección de jerarquía. Belgrano no solo logró retener a sus pilares, sino que concretó retornos históricos que le permiten soñar despierto con la primera estrella de Primera División para el club. El potencial ofensivo cordobés asusta a cualquiera: nombres como Francisco González Metilli, Emiliano Rigoni, la potencia goleadora de Lucas Passerini y la conducción del «Chino» Lucas Zelarayán lideran el once titular, dejando en el banco de suplentes a revulsivos de la talla de «Uvita» Fernández y Franco «Mudo» Vázquez.
Pibes, campeones del mundo y el marco que faltaba
El River de Eduardo «Chacho» Coudet no se queda atrás y opondrá su tradicional vocación ofensiva y de protagonismo absoluto. A pesar de lidiar con algunas bajas por lesión, el Millonario recuesta sus ilusiones en el desequilibrio de Facundo Colidio y la jerarquía internacional del campeón del mundo Marcos «Huevo» Acuña. A esta base de experiencia se le suma el gran presente de la nueva camada de juveniles que viene pidiendo pista y mostrando aplomo en las paradas difíciles, con Santiago Beltrán, Juan Cruz Meza y Joaquín Freitas a la cabeza.
El escenario y el contexto terminarán de moldear una final ideal:
- Protagonismo total: Es difícil imaginar a un Belgrano especulando ante la oportunidad más grande de su historia, como también es imposible proyectar a un River replegado por el peso propio de su grandeza.
- Estadio de lujo: El Mario Alberto Kempes lucirá impecable y con un ambiente que lamentablemente dejó de ser habitual en el ámbito local.
- Dos parcialidades: Se agotaron en pocas horas las 25.000 entradas destinadas para cada institución. El color y el calor de ambas hinchadas le devolverán el alma a una definición del fútbol argentino.
