Un estudio de Argentinos por la Educación revela que, aunque el país lideró los avances de cobertura en la última década, persisten graves brechas sociales en la primera infancia. A los 3 años, la asistencia de los niños más pobres es la más baja de la región.
El acceso a la educación temprana en la Argentina muestra una realidad de dos velocidades. Por un lado, el país consolidó un avance histórico en la última década en materia de escolarización inicial; por el otro, las oportunidades siguen estando profundamente condicionadas por el bolsillo y los ingresos del hogar. Los datos se desprenden del último informe de la organización Argentinos por la Educación, titulado “Cobertura del nivel inicial: una comparación entre países de la región”, el cual enciende luces de alarma sobre las profundas asimetrías que afectan a los más chicos.
De acuerdo con el relevamiento, el 83% de los niños argentinos de entre 3 y 5 años asiste al nivel inicial, una cifra en sintonía con Chile (82%) y Perú (83%), pero que corre por detrás de Uruguay, que lidera la región con un 93% de cobertura. Sin embargo, al poner la lupa sobre la sala de 3 años, la brecha socioeconómica emerge con crudeza: mientras que en los sectores medios la asistencia alcanza el 71%, en el quintil más pobre de la población apenas llega al 41%. Esta tasa de acceso para la niñez vulnerable es la más baja entre todos los países analizados en el continente.
Avances reales frente a una brecha estructural
El informe pondera que, entre 2014 y 2024, la Argentina realizó un esfuerzo estatal valioso que la posicionó a la vanguardia regional en crecimiento de matrícula:
- Sala de 3 años: La asistencia general saltó del 40% al 55% en diez años (un aumento de 15 puntos porcentuales).
- Sala de 4 años: Creció del 75% al 91%, registrando el mayor incremento de la región para esa edad.
- Sala de 5 años: La escolarización ya se encuentra prácticamente universalizada en todos los estratos sociales, con tasas que rozan el 100%.
A pesar de estas mejoras institucionales, a los 2 y 3 años las distancias son abismales. A los 2 años, por ejemplo, solo el 10% de los chicos del sector más vulnerable accede a un espacio educativo, frente al 44% de los hogares de mayores ingresos. Especialistas del Conicet y de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierten que esto no representa únicamente un problema de infraestructura o de falta de vacantes, sino una «desigualdad temprana» en el desarrollo del lenguaje y los estímulos afectivos, culturales y de crianza que los chicos reciben en sus hogares.
La caída de la natalidad como oportunidad estratégica
El diagnóstico de los expertos coincide en que la crisis económica, la falta de redes de cuidado y la escasez de oferta de gestión estatal para el primer ciclo (de 45 días a 3 años) empujan a que la responsabilidad recaiga sobre las familias o el mercado privado, reforzando la exclusión.
No obstante, el escenario abre una ventana de acción. Diversos analistas educativos señalan que la sostenida tendencia a la baja en la tasa de natalidad que registra el país representa una «oportunidad histórica». Con menos nacimientos, el Estado cuenta con el margen técnico para planificar estratégicamente la expansión del sistema educativo inicial. El desafío político urgente radicará en focalizar las inversiones y los recursos humanos en los territorios más alejados y en las comunidades de menores ingresos para nivelar la cancha desde la primera infancia.
