«Cuba está pidiendo ayuda y vamos a hablar», aseguró el presidente de Estados Unidos. A pesar del anuncio de diálogo, Washington mantiene un duro bloqueo petrolero y sumó nuevas sanciones contra la cúpula militar de la isla.
En un anuncio que sorprendió a la comunidad internacional, el presidente Donald Trump confirmó este martes que su administración iniciará una mesa de diálogo con el gobierno cubano. El giro se produce apenas semanas después de que el mandatario amenazara con «apoderarse» de la isla, y luego de que La Habana adelantara que se produciría un encuentro bilateral en la capital cubana.
Trump justificó este acercamiento al describir a Cuba como un país «en quiebra». La situación en la isla es crítica: un bloqueo casi total sobre el suministro de petróleo, impulsado por Washington desde hace cuatro meses, ha generado una privación energética severa que afecta los derechos humanos básicos de sus 9,6 millones de habitantes, según advirtieron expertos de la ONU.
Presión y sanciones vigentes
Pese a las señales de distensión, la presión económica no cede. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció recientemente sanciones contra el conglomerado militar Gaesa, que controla el 40% de la economía cubana. Las medidas incluyen la congelación de activos de su presidenta, la general Ania Lastres Morera, y la prohibición de transacciones con empresas estadounidenses.
La Casa Rosada del Norte mantiene una postura ambivalente: mientras Trump abre la puerta al diálogo para «asistir» a una población sumida en la escasez de comida y energía, el 1 de mayo pasado firmó una orden ejecutiva que ratifica a Cuba como una «amenaza extraordinaria» para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
