El presidente Zelensky confirmó que se dispararon más de 1.560 aeronaves no tripuladas y 56 misiles en solo dos días. En Kyiv, un edificio de nueve pisos quedó en ruinas: hay al menos ocho muertos y decenas de heridos.
La guerra entre Rusia y Ucrania entró en una fase de máxima hostilidad aérea. Durante las últimas 48 horas, Moscú ejecutó una ofensiva sin precedentes utilizando una cantidad récord de drones y misiles contra objetivos civiles y estratégicos. Las alarmas antiaéreas en la capital, Kyiv, sonaron de forma ininterrumpida por más de 11 horas, dejando a la población sumida en el terror y el desamparo.
El ataque más devastador ocurrió en un complejo residencial de nueve plantas en la capital ucraniana. Allí, los rescatistas recuperaron los cuerpos de siete personas, incluida una niña de 12 años, mientras buscan intensamente a más de una decena de desaparecidos entre los escombros. El alcalde de la ciudad calificó el suceso como el ataque a mayor escala sufrido por Kyiv y declaró luto oficial para la jornada de mañana.
Infraestructura bajo fuego
Más allá de la capital, los ataques se extendieron a regiones como Járkov, donde hubo al menos 28 heridos, y zonas clave como Odesa, Poltava y Zaporiyia. El objetivo ruso fue claro: golpear la red energética y de transporte. La compañía DTEK informó daños severos en subestaciones eléctricas y líneas de alta tensión, mientras que los ferrocarriles ucranianos reportaron el impacto directo en una locomotora.
Para Volodymyr Zelensky, esta oleada fue «planificada deliberadamente» para saturar los sistemas de defensa aérea tras meses de acumulación de armamento por parte del Kremlin. Mientras el Servicio Estatal de Emergencias continúa removiendo toneladas de concreto en busca de sobrevivientes, el mandatario ucraniano aseguró que su país ya prepara una respuesta ante lo que se considera la agresión aérea más masiva de todo el conflicto.
