Jorge Macri desplegó la «Tormenta Negra» en 16 villas de la Capital y acusó al Conurbano de «exportar» delincuentes. El ministro de Axel Kicillof le respondió con munición gruesa y una chicana en redes: «Jorgito, no nos olvidamos que sos Macri».
La pelea por el rating de la seguridad y el control territorial desató una verdadera guerra política a ambos lados de la Avenida General Paz. Este jueves, mientras la Ciudad de Buenos Aires ejecutaba su mayor despliegue policial en asentamientos informales, la Policía Bonaerense hacía lo propio en el temido complejo Fuerte Apache. La coincidencia no fue casual y derivó en un durísimo cruce de acusaciones entre el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y el ministro de Seguridad de Axel Kicillof, Javier Alonso.
Por un lado, el operativo porteño bautizado «Tormenta Negra» movilizó a más de 1.500 efectivos de la Policía de la Ciudad de manera simultánea en 16 barrios vulnerables (entre ellos la Villa 31 y la 1-11-14) para derribar búnkers narco. En el lugar, Jorge Macri sacó pecho por el despliegue pero encendió la mecha política al disparar contra la gestión vecina: aseguró que la Capital «está en riesgo por el delito instalado en el Conurbano» y que no iba a permitir que «lo peor de la provincia se instale en Buenos Aires».
La respuesta bonaerense: chicanas y «estilo Trump»
La réplica de la Provincia de Buenos Aires no tardó en llegar y llegó con los tapones de punta. Javier Alonso utilizó el megaoperativo de 500 policías que realizaron en Fuerte Apache —donde cayeron 11 personas con armas de guerra— para acusar a Macri de «copiar» los métodos de saturación bonaerenses.
Alonso subió la apuesta en la red social X con una ilustración satírica que mostraba al jefe de Gobierno porteño lookeado como Donald Trump frente a un muro en la General Paz. “Jorgito querido, los argentinos no olvidamos que usted es Macri”, arremetió el ministro de Kicillof, quien además chicaneó afirmando que las fuerzas especiales de la Ciudad se capacitan desde hace años con la policía provincial para alcanzar niveles profesionales. La interna por la seguridad del AMBA arde, mientras el resto del país mira de reojo una disputa donde la pirotecnia política suele ganarle a las soluciones de fondo.
