Expertos de la SAC señalan que 4 de cada 10 personas conviven con esta patología en el país. Advierten sobre la alarmante falta de controles médicos de rutina.
La presión alta no avisa. No es una crisis que aparece de un día para el otro, sino el resultado de un desgaste lento, sostenido y silencioso que destruye las arterias a lo largo de los años. En vísperas del Día Mundial de la Hipertensión Arterial (este 17 de mayo), la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) lanzó una fuerte advertencia sobre el avance de esta patología, que ya se consolidó como uno de los principales factores de riesgo cardiovascular en el país.
Según los últimos registros médicos nacionales (estudios RENATA 1 y 2), la prevalencia de la enfermedad subió del 33,5% al 36,3%, lo que significa que prácticamente 4 de cada 10 argentinos adultos son hipertensos. Lo alarmante para los especialistas no es solo el número, sino la falta de diagnóstico y la baja adherencia a los tratamientos: muchos pacientes abandonan la medicación o directamente desconocen su condición debido a la falta de manifestaciones clínicas evidentes.
Los disparadores de la vida moderna
Los cardiólogos explican que, si bien existe una predisposición genética, la hipertensión encuentra su combustible en los hábitos cotidianos de la sociedad actual:
- Alimentación nociva: El consumo excesivo de sodio, escondido principalmente en los alimentos ultraprocesados y conservas.
- Estilo de vida: El estrés crónico, la falta de descanso adecuado, el sobrepeso y el sedentarismo.
- Factores ambientales: La exposición constante a ruidos urbanos y la contaminación.
Ante este panorama, la recomendación médica es tan simple como vital: realizarse al menos un control preventivo de presión al año. Un registro a tiempo en el consultorio puede cortar una cadena de daño orgánico que, de sostenerse en el tiempo, suele derivar en consecuencias graves como infartos o accidentes cerebrovasculares (ACV).
