La máxima autoridad del fútbol mundial levantó la tarjeta roja que pesaba sobre el goleador estadounidense, habilitándolo para el duelo contra Bélgica. La decisión, tomada tras un pedido directo del presidente de los Estados Unidos a Gianni Infantino, desató un escándalo internacional y denuncias de interferencia política.
Durante 24 días, la Copa del Mundo se mantuvo como un terreno relativamente ajeno a la política doméstica. Sin embargo, ese escenario cambió drásticamente este domingo. En un giro que sacudió los cimientos de la FIFA, el delantero estadounidense Folarin Balogun fue habilitado para jugar el partido de octavos de final contra Bélgica, a pesar de haber recibido una expulsión en el encuentro anterior que, en teoría, lo dejaba fuera de competencia.
Un llamado que cambió el tablero
La noticia no tardó en oficializarse: Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, se comunicó personalmente con el titular de la FIFA, Gianni Infantino, para solicitar la revisión de la tarjeta roja. Poco después, la FIFA anunció la suspensión parcial de la sanción, permitiendo que el máximo goleador del conjunto local saltara al campo.
«¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia!», celebró Trump en sus redes sociales, mientras el anuncio provocaba una ola de indignación global.
El reclamo del fútbol internacional
La Real Federación Belga de Fútbol no tardó en reaccionar. En un comunicado contundente, la entidad advirtió que esta maniobra contraviene las regulaciones de la FIFA y atenta contra el fair play. «No defendemos solo el honor nacional, defendemos el fútbol en general, su integridad y su ética», declaró el entrenador del equipo europeo.
Más allá de la justicia o no de la falta original —una jugada dividida revisada por el VAR—, el malestar radica en la injerencia política. En la historia de los Mundiales, no existen precedentes de un líder político presionando a la FIFA para alterar una sanción disciplinaria, lo que abre una peligrosa puerta para otros mandatarios.
El precedente del «favoritismo»
Para justificar su decisión, el comité disciplinario de la FIFA invocó el Artículo 27 de su código, que permite la suspensión parcial de medidas disciplinarias bajo período de prueba. No es la primera vez que se utiliza esta cláusula: en el pasado, se permitió jugar a Cristiano Ronaldo en condiciones similares, lo que ya había alimentado sospechas de trato preferencial hacia las figuras más comerciales del torneo.
Una amistad bajo la lupa
La relación entre Trump e Infantino ha sido objeto de escrutinio constante. Desde la aparición del jefe de la FIFA en eventos del Gobierno estadounidense hasta la entrega del «Premio de la Paz de la FIFA» a Trump, la cercanía entre ambos líderes ha sido una constante que muchos críticos interpretan como un intercambio de favores políticos.
Con esta decisión, el Mundial de 2026 ha pasado de ser un evento deportivo a un escenario donde la integridad del juego queda bajo sospecha. A partir de ahora, cada fallo arbitral será mirado con lupa. Mientras el destino del trofeo dorado está en juego, la gran incógnita es si el resto de las selecciones exigirán el mismo trato de favor que recibió el anfitrión, dejando al fútbol en una encrucijada sin retorno.
