Samir Kaver fue imputado por el homicidio de Nicolás Díaz y pasará 62 días tras las rejas. La fiscalía reveló un polémico derrotero tras el disparo mortal: el acusado fue cesanteado, huyó de la escena sin asistir a la víctima e intentó lavar su ropa. El padre de la fallecida rechazó las disculpas.
La Unidad Fiscal de Homicidios del Ministerio Público Fiscal de Tucumán dio un paso decisivo en la resolución del crimen que conmocionó al sur de San Miguel de Tucumán el pasado domingo por la mañana. Durante una tensa audiencia celebrada este martes, el juez Federico Moikens hizo lugar al pedido del fiscal Pedro Gallo y dictó 62 días de prisión preventiva para Samir Kaver, el ahora ex policía acusado de asesinar de un disparo en el rostro a Nicolás Díaz en el barrio Villa Angelina.
Kaver, quien fue inmediatamente cesanteado de la fuerza de seguridad provincial tras el sangriento episodio, rompió el silencio ante los tribunales locales. En medio de un clima de extrema sensibilidad, el imputado pidió perdón a los familiares de la víctima y ensayó una polémica defensa: “Era mi amigo, fue un accidente”, aseguró, afirmando que jamás tuvo la intención de efectuar el disparo mortífero. Sin embargo, las palabras de arrepentimiento fueron tajantemente rechazadas por el padre de la víctima en el recinto.
Un «after», un arma prestada y el disparo letal
La reconstrucción oficial presentada por la auxiliar fiscal Carolina Brito desmoronó los argumentos del imputado, detallando la cuestionable secuencia previa al deceso:
- La previa: Kaver y dos jóvenes venían de asistir a un «after» en el barrio La Bombilla y se trasladaron a la esquina de Ayacucho y Pasaje Bazán de Laguna para continuar consumiendo bebidas alcohólicas.
- El arma como juguete: Al momento de alejarse a buscar a un conocido para que comprara más alcohol, el entonces policía le entregó su arma reglamentaria a una de las mujeres. En ese ínterin se acercó Nicolás Díaz, quien al notar el peligro les explicó amablemente a las jóvenes cómo debían guardarla.
- El desenlace: Al regresar, Kaver recuperó la pistola, la cargó y la remontó. Mientras mantenía una conversación informal con Díaz sobre el funcionamiento del armamento, se accionó el gatillo. El proyectil impactó de lleno en la cara de la víctima, quitándole la vida de forma instantánea.
Lavarropas encendido, marihuana y municiones
El principal argumento de la fiscalía para solicitar el encierro inmediato del acusado fue su alarmante conducta posterior al crimen. Lejos de actuar como un servidor público o un amigo, Kaver abandonó el cuerpo de Díaz sin prestarle ningún tipo de asistencia médica y escapó rápidamente hacia su vivienda particular.
Al momento de ser allanado por los efectivos policiales, los investigadores descubrieron que el imputado ya había introducido la ropa que vestía durante el homicidio adentro de un lavarropas, la cual fue secuestrada aún húmeda. Además, en los perímetros de su propiedad y una casa contigua, la Policía de Tucumán incautó municiones de diversos calibres no reglamentarios y varios envoltorios con marihuana, sumando complicaciones a su perfil procesal bajo la carátula de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego.
